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viernes, 20 de noviembre de 2015

59. La escuela pitagórica

No cabe duda de que Pitágoras era un líder carismático. En torno a él  no solamente se formó una escuela en el sentido pedagógico sino que podía considerarse también una comunidad religiosa, pues practicaban el culto a Apolo y profesaban la creencia de la búsqueda de la perfección a través de sucesivas reencarnaciones, e incluso un partido político, pues sus seguidores intervinieron activamente en política, llegando incluso a sufrir por ello atentados[1]. La ciencia, la política y la religión se funden en la comunidad pitagórica.
Existía una regulación del funcionamiento de la escuela, que alcanzaba no solamente los aspectos relacionados con la enseñanza sino también el modo de vida de los alumnos. Tras ser admitido en la escuela, el alumno pasaba un periodo de iniciación. Solamente tras el periodo de iniciación, los admitidos pasaban a  escuchar las enseñanzas de Pitágoras. Primero, sin poder verlo, oyéndolo detrás de una cortina, sin pasar al lugar en donde estaba el maestro; solamente los más avanzados pasarían más adelante al interior. Podían transcurrir varios años hasta poder estar junto a Pitágoras.Final del formulario
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Ello suponía dos niveles de integración. Un círculo más comprometido, el conocido como los “matemáticos”, los que estaban en el interior, conocedores de los avances científicos que se llevaban a cabo y en los que ellos mismos participaban; de hecho (máthēmatika), significaba «lo que se estudia y aprende». El otro, que se conoce como “acusmáticos”, los oyentes, eran los que estaban fuera y poseían una formación elemental de los principios filosóficos y científicos pitagóricos; memorizaban pero sin entrar a profundizar en los argumentos, razonamientos ni demostraciones. Los primeros, auténticos científicos, renunciaban a la vida exterior, vivían en comunidad, donaban sus pertenencias a la comunidad, llevaban un régimen alimenticio vegetariano y se mantenían célibes. Los segundos eran meros aprendices que vivían en sus casas y asistían diariamente a la escuela.
Los discípulos de Pitágoras se distinguían de los demás por la vestimenta y debían llevar una vida ejemplar. La vida diaria de los que estaban directamente bajo su guía, los más allegados, comprendía paseos solitarios por la mañana, buscando la calma y la tranquilidad; no convenía encontrarse con nadie hasta haber puesto en orden su propia alma y el intelecto, pues consideraban perturbador el contacto con la multitud recién levantados. Al finalizar el paseo se encontraban unos con otros intercambiando ideas sobre sus estudios. Después dedicaban un tiempo al cuidado corporal y a los ejercicios físicos. Tras la comida y un tiempo dedicado a otras cuestiones ciudadanas, realizaban otro paseo por la tarde, esta vez en grupo, durante el que, nuevamente, intercambiaban ideas sobre lo estudiado y aprendido. Tras el paseo una cena en grupos de 10 y, tras ella, unas libaciones, seguidas de un tiempo de lectura de un texto que el más anciano escogía y que realizaba en voz alta el más joven. Se finalizaba con otra libación, antes de retirarse. No conocemos exactamente en qué momento se reunían con el maestro y si era a diario; aunque tal vez fuera parte de los encuentros matinales. La escuela tenía también toda una organización para la gestión económica y patrimonial.
La pertenencia a la escuela exigía el mantenimiento del secreto de lo que en ella se trataba. Y su incumplimiento era castigado severamente. Esto explicaría por qué no existen escritos claramente pitagóricos antes de la época de Filolao (h. 460 – h. 385 a. C.). Todo se divulgó oralmente y todos los trabajos matemáticos se atribuyeron a Pitágoras, aunque hubieran sido llevados a cabo por los discípulos. Por este secretismo muchos consideran que era más bien una secta.
El secreto mejor guardado fue el de los números irracionales, que ellos llamaban inconmensurables (infinitas cifras decimales no periódicas). Revelarlo era la peor traición que se podía hacer pues estos números venían a contradecir su doctrina, que preconizaba que el número era un ente perfecto que regía todo el universo y lo que en él existía, y decidieron mantener en secreto su descubrimiento.
El secretismo de los estudios pitagóricos acabó rompiéndose. Se Hace responsable de la traición a Hipaso de Metaponto, que propagó lo de los números irracionales y también divulgó cómo se construía una esfera a través de 12 pentágonos (dodecaedro), pasando por inventor de ello en detrimento de Pitágoras. Su muerte en un naufragio se relacionaba con esta traición. Pero no toda la culpa se la lleva él. Se habla también de un pitagórico que cayó en la ruina y encontró en la enseñanza de sus conocimientos de geometría la manera de remediarla.
Treinta y nueve años mantuvo Pitágoras la Escuela, pasándosela al final, con 100 años, a su discípulo más anciano, Aristeo de Crotona, y este a Gartidas de Crotona, que después la pasó a Aresas de Lucania, etapa en la que siendo alumno Diodoro de Aspendo este se dedicó a divulgar las enseñanzas orales de los pitagóricos y fueron poniéndose por escrito. Parece que tras la muerte de Pitágoras un grupo de alumnos, conocidos como los “pitagóricos” siguieron por el camino místico de sus doctrinas, mientras que otro grupo, el de los “matemáticos”, continuó por el campo científico.

ÁNGEL I JIMÉNEZ DE LA CRUZ

[1] Sus sedes o lugares de reunión fueron incendiados y sus discípulos se dispersaron. En la “casa de Milo” en Crotona, fueron sorprendidos y asesinados unos 50 o 60 pitagóricos.

jueves, 12 de noviembre de 2015

58. Los alumnos de Pitágoras

Tras su estancia en Egipto y Mesopotamia, Pitágoras se trasladó a su ciudad natal, Samos. Su deseo de enseñar lo que había aprendido no se vio correspondido por las ganas de aprender de sus paisanos y, ante la falta de discípulos, se dirigió a un joven

miércoles, 4 de noviembre de 2015

57. El gran Pitágoras

Hacia finales del siglo VI a. C. ya había en Grecia grandes médicos y filósofos y, por tanto, es indudable que en torno a ellos habría discípulos que siguieran sus enseñanzas. Médicos tan afamados como Democedes de Crotona –que curó la dislocación

lunes, 26 de octubre de 2015

56. Una escuela más académica, para todos

La escuela se impone poco a poco y, junto a la enseñanza de la música, la gimnasia y los deportes, se aprende a leer, escribir y contar. No conocemos el momento de la incorporación de estas enseñanzas, pero se estima que a mediados del siglo V muchas

domingo, 18 de octubre de 2015

55. ¡Vigílalo que va a la escuela!

El ideal educativo de los atenienses lo sintetiza la palabra kalokagathía: ser un hombre bello y bueno o virtuoso.  Bueno, agathós, en el sentido moral; bello, kalós, referido a la belleza física, pero no exenta del aspecto erótico que la acompaña. Dice

lunes, 12 de octubre de 2015

54. Las trágicas primeras referencias

Con el paso del tiempo la educación se fue ampliando a otros sectores de la población y, para poder atender a los crecientes grupos de alumnos, surge la escuela. Pero no debemos olvidar que esta estaba destinada exclusivamente a los que tenían el

domingo, 4 de octubre de 2015

53. Solón inicia el cambio

Se atribuye a Solón (640-558) –uno de los conocidos como siete sabios de Grecia- la primera ley que imponía la educación de los niños. Hemos de aclarar, sin embargo, que no existe ningún documento que recoja esta norma, sino que su conocimiento ha