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lunes, 12 de octubre de 2015

54. Las trágicas primeras referencias

Con el paso del tiempo la educación se fue ampliando a otros sectores de la población y, para poder atender a los crecientes grupos de alumnos, surge la escuela. Pero no debemos olvidar que esta estaba destinada exclusivamente a los que tenían el
estatus de ciudadanos, que eran los que gozaban de los derechos cívicos y políticos, estando excluidos los extranjeros o metecos, las mujeres y los esclavos. La enseñanza impartida personalmente por un ayo o un amante -en el caso de los jóvenes- ya no responde a la nueva situación y, aunque esta enseñanza individual se mantuvo durante bastante tiempo, acabó convirtiéndose en algo minoritario.
Tenemos noticias de la existencia de escuelas en los primeros años del siglo V a. C.
La referencia más antigua nos llega a través de Heródoto, el cual nos cuenta que en la ciudad de Quío (isla de Quío), poco antes de la batalla de Lade (496 a. C.), en el inicio de la Guerras Médicas, se produjeron una serie de catástrofes que sus habitantes interpretaron como un aviso de los dioses de las desventuras que habrían de sucederles después. Una de estas desgracias fue el derrumbamiento del techo de una casa en la que había una escuela a la que asistían 120 niños y solamente se salvó uno[1].
Pausanias, al referirse a las estatuas que había en Olimpia, dedicadas a los ganadores de los Juegos, hace mención a la de Cleomedes de Astipalea, boxeador que había vencido en los juegos olímpicos del 492 a. C., y nos cuenta que le fue denegada la victoria por haber matado a su adversario; eso le volvió loco y, de regreso a su ciudad, derribó una de las columnas que sostenían el techo de una escuela en la que había unos 60 niños, cayendo este sobre ellos y aplastándolos[2].
Plutarco relata que en vísperas de la épica batalla de Salamina (480 a. de C), en la que los griegos, dirigidos por Temístocles, se enfrentaron a los persas, dirigidos por Jerjes, los atenienses buscaron refugio para sus familias en la ciudad de Trecena, en la zona del Peloponeso, donde fueron recibidas con gran cordialidad y decretaron que se les mantuviera a expensas públicas, dándoles una cantidad de dinero, y que se les pagaran los honorarios a los maestros para que atendieran a los niños.[3]
Tres referencias en tres lugares muy distantes entre sí –Quío, Astipalea y Trecena- y que, además, no son el objeto directo de la narración histórica en la que están enmarcadas, sino que aparecen circunstancialmente en el relato como elementos habituales de la época. Esto nos lleva a pensar que la existencia de escuelas era algo generalizado en todas las ciudades-estado y, por tanto, dadas las fechas en las que se sitúan, y el elevado número de alumnos que escolarizaban, podemos asegurar que la implantación escolar data, al menos, del último tercio del siglo VI a.C. La tragedia convirtió a estas tres en las primeras conocidas.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] HERÓDOTO: Historia VI, 27,2.
[2] PAUSANIAS: Descripción de Grecia, Libro VI. Olimpia. Las estatuas de los atletas. IX, 6, 7, 8.
[3] PLUTARCO: Vidas paralelas. Temístocles, X.

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