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domingo, 18 de octubre de 2015

55. ¡Vigílalo que va a la escuela!

El ideal educativo de los atenienses lo sintetiza la palabra kalokagathía: ser un hombre bello y bueno o virtuoso.  Bueno, agathós, en el sentido moral; bello, kalós, referido a la belleza física, pero no exenta del aspecto erótico que la acompaña. Dice
Marrou que es el ideal de un espíritu plenamente formado, en un cuerpo soberbiamente desarrollado. Platón definía más adelante la educación como dar al cuerpo y al alma toda la belleza de que fueran susceptibles.
En las primeras escuelas no se llevaba a cabo una educación que podríamos denominar académica; de hecho la palabra escuela, que proviene del latín schola, que a su vez proviene del griego scholé, tiene el sentido de “tiempo libre”, descanso; un espacio de juego y divertimento. Luego los latinos también llamarían a sus primeras escuelas de niños ludus, para indicar que era un lugar de juego y ocio. El concepto, como es evidente, evolucionó con el paso del tiempo.
En las escuelas se desarrollaban dos actividades básicas. Por una parte estaban las destinadas a la realización de ejercicios gimnásticos y a la práctica del deporte, que engarzaban con la tradición, con la antigua cultura de los guerreros. Esta preparación física era el núcleo de la formación, tanto para conseguir el ideal de la kalokagathía como para alcanzar la areté, destacando por encima de los demás. De hecho, los niños y jóvenes participaban en los juegos olímpicos, donde se establecían categorías por edades. (De hecho, se comenzaba muy pronto a participar en los juegos olímpicos, en los que se establecían categorías por edades). El jardín de Olimpia recogía esculturas de niños y jóvenes vencedores en boxeo, lucha, pancracio, atletismo, carrera, etc. [1]
          La música era la otra actividad fundamental. Cantar y aprender a manejar los instrumentos de la época, ayudaban a cultivar el espíritu.
          Es a partir de los siete años cuando los niños empezaban a ir a la escuela, iniciando así una nueva etapa fuera del ambiente materno; era como si salieran a la vida. Se les ponía bajo la custodia de un esclavo, al que denominaban pedagogo, que se encargaba de acompañarlos. También este concepto ha evolucionado radicalmente hasta la actualidad. Desde el principio, aparecen estos acompañantes que cuidaban de que no se perdieran en su traslado a la escuela. Pero que si tomamos como ciertos algunos de los antiguos textos, son producto también de la desconfianza y el miedo a que los niños puedan ser abordados por adultos con intenciones amatorias. Ya conocemos el ambiente homosexual de la época. Esquines –político ateniense, rival de Demóstenes- decía que llevaban a los niños con los maestros porque no tenían más remedio, y esperaba de estos un comportamiento sensato. ¿Llegaba la desconfianza hasta los propios maestros? Los colegios no podían abrirse antes de que amaneciera y debían cerrarse antes del anochecer. Igualmente estaba establecido para los gimnasios. La obscuridad y las tinieblas podían favorecer los abusos. Los mayores no podían entrar donde estuvieran los niños. Una de las leyes antiguas establecía que “a excepción de los hijos del maestro, su cuñado o su yerno; si cualquiera otro se permitiera entrar, que sea castigado con la muerte”[2]. No olvidemos que las actividades gimnásticas y deportivas las hacían desnudos y esto podía despertar algunos instintos. El niño debía ser protegido hasta que llegara la edad en la que socialmente estaba admitida la relación pederástica: de 12 a 18 años el joven podía ser amado. La tentación podía estar a la vuelta de la esquina.

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ


[1] PAUSANIAS: Descripción de Grecia, Libro VI.  
[2] ESQUINES: Arenga contra Timarco. Documento de aprox. 346 a. C.

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