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miércoles, 4 de noviembre de 2015

57. El gran Pitágoras

Hacia finales del siglo VI a. C. ya había en Grecia grandes médicos y filósofos y, por tanto, es indudable que en torno a ellos habría discípulos que siguieran sus enseñanzas. Médicos tan afamados como Democedes de Crotona –que curó la dislocación
de un pie al rey persa Dario, después de que unos médicos egipcios se lo empeoraran-, o filósofos como Tales de Mileto –el primero que se preguntó por el universo desde un punto de vista racional- ¿cómo no iban a tener una labor docente con quienes querían aprender sus disciplinas? De hecho, nos cuentan que Anaximandro fue discípulo de Tales. Pero esta docencia era una labor de carácter individual. Es Pitágoras (572 – 497 a. C.) el primer maestro que aglutinó en torno a sí a un grupo de discípulos, que son conocidos como los pitagóricos. Es Pitágoras, pues, el primer fundador de lo que podríamos denominar una escuela de estudios superiores; lo que hoy en día llamaríamos una cátedra.
Pitágoras había viajado por Egipto durante 22 años y otros 12 por Mesopotamia, conviviendo con los sacerdotes egipcios y los magos de Babilonia; y de allí vino impregnado de unas nuevas ideas filosóficas y conocedor del avance que en aquellos lugares se había llegado en las matemáticas. Allí, sin duda, conoció los centros del saber que había en los templos y es posible que, inspirado en ellos, desarrollara su conocida escuela.
Con Pitágoras progresa el estudio de las matemáticas, introduciéndolas en la educación griega. Considera que toda la Naturaleza, todo lo que existe, está basado en escalas y relaciones numéricas. El número es, pues, el principio, la medida, la clave de todas las cosas. Algunos números tenían significados curiosos para los pitagóricos. El 2, por ejemplo, era el primer número hembra y el 3 era el primer número macho. El 5, unión de los dos anteriores, era el número del matrimonio.
Se adjudican a Pitágoras las tablas de multiplicar y la regla de tres, además del teorema que lleva su nombre, aunque el cálculo del mismo ya era usado por los babilónicos y no es hasta el siglo V d. C. que se le atribuye a él.
Relacionó la música –uno de los pilares de la educación griega- con las matemáticas, reduciéndola a números. Los sonidos se conseguían al hacer vibrar una cuerda y él descubrió que dividiendo la cuerda en proporciones se obtenían sonidos armoniosos, y que existía una relación numérica entre los tonos que sonaban armónicos, con lo que los números eran también belleza. Pitágoras no era músico, pero a través de las matemáticas desarrollo una escala musical que se conoce como escala pitagórica.
La fama de sus conocimientos le llevó a ser considerado un sabio en todos ámbitos de la vida, aunque él se definía simplemente como un amante del saber: filósofo. Ocupó el escalón más alto de la docencia en la época y el prestigio de su escuela fue tal que todos querían que sus hijos asistieran a sus enseñanzas. Su gran calidad humana la demostró al preocuparse por su maestro, Ferécides de Siros, cuidándolo en sus últimos momentos y encargándose de su entierro.
Junto a su incuestionable valía intelectual, se nos muestra también como poseedor de una serie de capacidades de carácter sobrehumano como ser capaz de experimentar el fenómeno de la bilocación, realizar acciones milagrosas como la sanación mediante la música o la palabra, hacer profecías, etc. Incluso físicamente era excepcional, pues se afirma que estaba dotado de  un muslo de oro. Sus habilidades oratorias se tienen como excepcionales así como su capacidad para mantener unidos solidariamente a todos los miembros de su comunidad. No es de extrañar, por tanto, que su escuela adquiriera el carácter de una asociación religiosa, en torno a un ser al que se consideraba más próximo a los dioses que a los hombres.
Sus doctrinas y pensamientos no los puso nunca por escrito. Plutarco es contundente en este sentido: “Ni Pitágoras escribió nada en absoluto, ni tampoco Sócrates, Arcesilao o Carnéades que fueron los más ilustres entre los filósofos”. Nada conservamos de su puño y letra, aunque hay autores que refieren que escribió al menos tres obras, sobre la educación, la política y la naturaleza que, lógicamente, no se conservan. De Pitágoras, como de otros grandes sabios de la Antigüedad, hemos de decir: Dicen que decía…

ÁNGEL I. JIMÉNEZ DE LA CRUZ

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